
Ha terminado la visita del papa, y tras ella, quedan unas claras y contundentes amonestaciones para España y su gobierno.
Para el pontífice, hemos vuelto a finales de los 30, con nuestro “laicismo agresivo”. La pregunta que nos hacemos muchos habitantes del mundo, no sólo los de este país, es: ¿si nosotros estamos a principios de los años 40, en qué parte de la historia se quedó estancada la Iglesia?
Por que desde luego, cosas como que la mujer pueda dedicarse única y exclusivamente a su carrera profesional si así lo desea, que las personas del mismo sexo se puedan casar, y que no se enseñe religión en los colegios, no se las inventaron ni Zapatero, ni su gobierno.
Las leyes se erigen y perduran en una democracia porque así lo quiere y lo demanda la mayoría en una sociedad civil.
Pero es más, en el Vaticano, saben muy bien que esto no sólo pasa en España y que no se puede tapar el sol con un dedo, cuando muchas parejas homosexuales de otros países esperan por ejemplo a que la ley argentina termine de darles luz verde para poder llevar a cabo el matrimonio que no les permiten las legislaciones de sus respectivos países. No se puede apretar los ojos fuerte para no ver que en Colombia una alcaldesa contrae nupcias, aunque simbólicas, porque la ley de su país sólo permite la “Unión Marital de Hecho”. No se puede ignorar que la población de mujeres trabajadoras ha aumentado entre un 37 y un 50% en las ultimas décadas en América Latina; así como tampoco se puede echar la culpa al gobierno español de que no se imparta obligatoriamente religión en los colegios cuando, simplemente, los niños ya no encuentran ninguna identificación con el clero.
Benedicto XVI se puede preguntar porque los 200.000 católicos que se esperaban en Santiago de Compostela este fin de semana jamás llegaron, lo mismo harán en Barcelona con los euros que no se recaudaron y la respuesta es simple: Llevamos ya varias décadas de generaciones que se han quedado esperando tolerancia y transparencia de una Iglesia que hoy cosecha las pérdidas de fieles que hoy, claramente, ya no la esperan.
Ariadna Woolf
Bien dicho, porque no se
Bien dicho, porque no se atreven, si no, prendería las hogeras de la inquisición nuevamente para imponer su ley. A predicar a su casa, que es donde se les dejó mandao. Y menos juzgar, que eso es labor divina y no terrenal.
Como dijo Don jose Antonio Labordeta, anda a la mierda!