Kim perdió la cuenta de las veces que le gustaría haber matado a su mujer hace tiempo. Antes de vivir juntas, Bridget le había hablado de sus otras parejas y de cómo le dolía que ninguna quisiera seguir en contacto tras la separación. Kim pensó que entre ellas todo sería diferente. Se propuso hacer bien las cosas, intentar estar a la altura de las ex-novias que brillaban por algún motivo y destacar donde otras habían fallado. Creía ser una buena novia, cuidaba de Bridget más que de sí misma, y sin embargo cada vez que se daba la vuelta ¡pumba! una bofetada en la cara sin venir a cuento.